Por Mauro Cerbino
* Profesor investigador y Coordinador del Programa de
Comunicación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales FLACSO sede
Ecuador; ha colaborado a la redacción de la ponencia Ana Rodríguez, profesora
investigadora de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador PUCE.
1.
INTRODUCCIÓN
Este
trabajo parte de una pregunta: de qué modo relacionamos la ética y el
sensacionalismo con el periodismo digital, o por qué estas problemáticas se
plantean cuando reflexionamos sobre el periodismo digital. Podríamos pensar que
el periodismo digital es, por sus condiciones particulares, un territorio en
disputa entre potencialidades éticas, como espacio de lo común, es decir como
espacio de escritura de las “singularidades cualquiera”, y el desarrollo de un
sensacionalismo basado en la tecnofascinación. En esta perspectiva, este
trabajo apunta a discutir las nuevas formas para una ética del texto, pensada
como despersonalizada y desindividualizada en función de la constitución
compleja de "identidades anónimas" en la configuración del espacio
virtual. Se intenta pensar el tema de la responsabilidad en las actuales
condiciones de socialización y quehacer periodístico. Dado que el espacio
virtual se caracteriza por ser el lugar de la construcción de "lo común"
en el ejercicio y la puesta en escena de la inteligencia colectiva, el papel
del periodista digital se plantea desde una cierta contigüidad con el
"lector" y ya no en la separación tradicional. Por otro lado, el
lector se convierte a su vez, no solo en actor de una interacción permanente,
sino en un sujeto del saber que explora y contribuye a crear los universos de
significación en los que participa. La responsabilidad del decir periodístico
reside en las huellas de sentido del texto que interrogan tanto al periodista
como al lector. Es así que los textos periodísticos deben ser pensados de tal
modo que alimenten el deseo de saber del lector. El no tener conciencia de esa
responsabilidad (que en este sentido es compartida) significa contribuir a
producir un periodismo y una circulación de textos en el ciberespacio de tipo
sensacionalista, en los que prima un goce irreflexivo, de fascinación y
vaciamiento de la subjetividad. El sensacionalismo en la red se configuraría en
la pretensión de que los textos (verbales, sonoros y visuales) están
desprovistos de las huellas de la mediación cumplida por el periodista, es
decir de que los textos (sobre todo los visuales) "hablarían por sí
solos". De ahí la necesidad de concebir una información que sugiera
noticias indexadas y referenciadas, capaz de estimular en el lector la creación
de hipertextos, esto es, un conjunto de estrategias e itinerarios que permitan
la articulación de las noticias y la información y que viabilicen el sentido.
2. DE
LA ÉTICA PERSONAL A LA ÉTICA DEL TEXTO
Cuando
decimos “ética y sensacionalismo” no estamos oponiendo dos términos, no se
trata de una ética entendida como la simple aplicación de normas y códigos que
limitan el sensacionalismo y lo condenan, sino de una reflexión sobre la propia
práctica periodística. Esas normas y códigos responderían a una ética
trascendental y a una deontología profesional: se trataría de una ética que no
establece una relación directa con la práctica particular del periodista. En
cambio, necesitamos pensar desde el periodista en lugar de pensar desde un
ideal periodístico, desde el mismo lugar del periodista y no desde un
afuera en base a modelos aplicables. Esto implicaría el poder hacer un análisis
de casos particulares con la participación directa del periodista, que no vamos
a desarrollar en este trabajo. Sin embargo, podemos ubicar una serie de
elementos teóricos que permitan desarrollar una reflexión más compleja sobre
las relaciones entre ética y sensacionalismo en el periodismo digital y que den
lugar al concepto de “ ética periodística”.
Si
hacer periodismo es saber comprender distintos lenguajes y traducirlos en
relatos, el periodista debe asumir que los relatos, los textos que él produce,
representan un material altamente sensible para el lector. Es decir que los
lectores (de cualquier medio) trabajan los textos emitidos por el periodista.
En el caso del tipo de comunicación instaurado por la red, que permite el
intercambio de “muchos con muchos” a diferencia de los modelos tradicionales de
comunicación mediática, se tiende a estructurar un escenario en el que se
redefinen los limites y el rol de quien produce las noticias y quien las
consume. Así, es probable que el periodista sea absorbido en la horizontalidad
y fragmentación que caracteriza a Internet, de tal forma que no sea posible
identificarlo claramente como productor autónomo de noticias. Si el periodista
tradicional tenía que asumir la influencia de su decir sobre el lector, el
periodista digital tiene que estar conciente de la afectación que el lector
puede producir en él, volviéndolo lector a su vez y al mismo
tiempo permitiendo que el lector se transforme en periodista.
Este panorama confirmaría lo que desde hace tiempo es una convicción aunque no
siempre conscientemente asumida: que es muy difícil decir que hay una
distinción entre comunicación1 e información2.
La
figura del “lector” adquiere dimensiones distintas. Se trata de un lector
“generador”, posible por un potenciamiento de condiciones ya existentes en el
periodismo tradicional y en la comunicación en general, pero que se actualiza
de modo especial, en el territorio por excelencia hipertextual del Internet.
Encontramos en el pensamiento de Roland Barthes una excelente y temprana
definición del hipertexto, que según él es: “un
texto ideal en el que las redes son múltiples y juegan entre ellas sin que
ninguna pueda cubrir a las otras; este texto es una galaxia de significantes,
no una estructura de significados; no tiene inicio; es reversible; se accede a
él desde múltiples entradas de las cuales ninguna puede ser decretada con
certeza como la principal; los códigos que moviliza se perfilan a pérdida de
vista, son indecidibles (...); de este texto absolutamente plural los sistemas
de sentido pueden sí adueñarse, pero su número no es nunca cerrado, midiéndose
sobre la infinitud del lenguaje3.”
El
hipertexto se articula principalmente a través de tres mecanismos: la
interactividad, la posibilidad de ir directamente a las fuentes y a una
pluralidad de textos –noticias-, y el acceso a archivos o artículos ya
publicados. La interactividad permite no solo poder participar de la producción
noticiosa a través del envío de e-mails, sino de hacer un recorrido o una
selección noticiosa a partir de necesidades particulares. Se podría pensar la
información no solamente desde un ámbito puramente cognitivo, dado a partir de
una demanda del lector por estar informado, sino de desde una
ampliación pragmática del ámbito informativo en el que el lector demanda un
saber-hacer, es decir el acceso a una práctica, en miras a un empoderamiento de
la información que le permita tener incidencia en la vida pública.
Pensar
la interactividad de este modo significa ubicar las condiciones para una
intercreatividad, es decir, un crear en común o crear común de la
información-texto. Esto es posible en Internet por la interacción de muchos con
muchos, que configura lo que podemos llamar con Pierre Lévy el despliegue de la
“inteligencia colectiva”4, sostenida por esos “muchos” o
“singularidades cualquiera”5 que devienen
“seres en el lenguaje”. Según Pierre Lévy, la inteligencia colectiva es “una
inteligencia distribuida por doquier, continuamente valorizada, coordinada en
tiempo real, que lleva a una movilización efectiva de las competencias.”6
El
territorio de Internet puede significar un potencial para la expresión de
competencias y subjetividades no inscritas en los modos tradicionales de la
experticia o de la especialidad; es como el territorio de “lugares comunes” en
los que cada sujeto esta presente con lo que tiene por decir y no con lo que
debería tener que decir.
El
segundo mecanismo del hipertexto reside en la posibilidad de acceder
directamente a las fuentes: el cyberlector o el usuario del ciberespacio puede
consultar la misma documentación primaria e incluso las mismas notas de
agencias de las que se sirve el periodista. Esto, además de otras
consideraciones, nos lleva a cuestionar o a plantear un redimensionamiento de
la autoridad del periodista y del aura de la firma. La cadena que sostiene la
credibilidad se ve desestabilizada: autor-autoría-autoridad-legitimidad-
credibilidad no funcionan ya como interdependientes ni como jerarquía. Se abre
de pronto la posibilidad de que la credibilidad se dé sin autoría, ya que de
algún modo las fuentes están abiertas a todos. El periodista ya no es el único
mediador del acontecer noticioso, sino que cualquier singular puede cumplir con
esa función y establecer subjetivamente una serie de relaciones entre noticias.
Estas relaciones se producen con textos-noticias que adquieren un “valor por sí
mismos”, es decir que funcionan de modo independiente a sus marcos referenciales previamente
establecidos, al nombre de la agencia, del diario, o del noticiero. Esto no
quiere decir que el cyberlector ignore la tendencia o discurso del diario o
sitio electrónico que consulta, no sería pensable que se trate de una
descontextualización que anula la posición del medio de comunicación, sino que
se trata de un uso de la noticia que permite una recontextualización de los
discursos y de los hechos por parte del mismo cyberlector. Esto implica el
desarrollo de destrezas en función de una ampliación de la credibilidad del
texto y no del autor. Es en este punto que el texto adquiere una importancia
máxima: es aquel en el que va a residir la credibilidad.
Alrededor
de él se articulan creer y saber. El lector desarrolla un creer en el texto en
función de un saber que también ha tenido que desarrollar. Sus competencias
para creer deben ser comparables a sus competencias para saber. Saber,
significaría tener la capacidad de haber construido y
recorrido itinerarios de sentido en base a los contenidos del
texto7.
El
tercer mecanismo del hipertexto que es el acceso directo a archivos y artículos
ya publicados, permite reconstruir el sentido de la noticia de un modo
diacrónico. Esos archivos no corresponden a una actualidad, y ello significa
poder romper con lo que normalmente viene asociado al ciberespacio que es la
rapidez, el cortoplacismo o el consumo inmediatista de la noticia. Esta ya no
es solo el relato de un acontecimiento que tiene valencia exclusivamente
mientras se mantenga la coyuntura. Dado que Internet viabiliza la
digitalización del conocimiento y la información, el cyberlector pueda
sumergirse en aquellos temas que almacenados en una memoria digital, le
interese volver a tratar y así poder reconstruir nuevos caminos del sentido
sobre estos mismos temas.
En este
panorama, el planteamiento de la ética surge desde la pregunta de cómo pensar
la responsabilidad en el periodismo digital. La ausencia de firma, nombre
propio o cualquier elemento del territorio identitario, que hacen del
periodista una persona “reconocible”, implica pensar una responsabilidad desde
otras complejas perspectivas en el ámbito de lo virtual cuya caracterización es
la de ser un espacio de anonimato. Desde el psicoanálisis, podemos extraer la
noción de “ética del bien decir” que se aplica al trabajo de la clínica
analítica y que tiene que ver directamente con la responsabilidad del decir
expresado por el sujeto analizante.
Es
necesario aclarar que no se trata de decir “el bien” sino de “decirlo bien”.
Esto es, decir bien lo que se quiere decir que no es otra cosa que asumir la
responsabilidad por las consecuencias producidas por este decir, que es uno
entre otros posibles. La responsabilidad a la que hacemos referencia es la
que tiene que ver con su etimología: la responsabilidad como responsum, respuesta.
Hay que poder responder por lo que se dice en tanto que todo decir acarrea
consecuencias y produce actos. Ese decir es producido por un singular
cualquiera, pero una vez que se desprende de él, deviene. Devenir
significa que adquiere nuevos sentidos incesantemente. He aquí la necesidad de
una reflexión ética marcada por la impermanencia del devenir del texto y en la
que el sujeto podría “no estar” ahí donde el otro lo reclama o el texto lo
reclama. El periodista asume la responsabilidad del texto no como persona
social y jurídica, sino a través de las marcas que ubica en él y frente a las
cuales esta llamado a responder aunque estás sean impermanentes o precisamente
por esto mismo.
El
periodista es aquel que de manera especial reflexiona sobre las condiciones de
desarrollo del hipertexto, definiendo las marcas para estimularlo. Esas marcas
se podrían presentar como formas gramaticales o dispositivos semióticos que
hagan visible un cuestionamiento por parte del periodista, como
interrogaciones, puntos suspensivos u otras formas en función de lo que él
considere pertinente. Se las podría pensar también como recursos polifónicos, o
de una pluralidad representacional referida a un mismo sujeto, o como un sujeto
que se multiplica y propone la desestabilización de la noción de verdad o de
objetividad y fomente la duda. Esas marcas permiten configurar desde donde
habla el periodista y condicionan a ese como un lugar susceptible de ser
cuestionado, en tanto que las marcas devienen en herramientas, recursos o
mecanismos que permiten contrastar ese decir con otros decires.
Esto significa que lo que acontece se da en el texto y no
por fuera de él, condición que es entendida y asumida por el periodista. La
mediación que este hace lo ubica en la condición de constructor o sostenedor de
discursos y representaciones que son asumidas por él a través de esas marcas
que aparecen en el texto y que abren su sentido. La presencia de marcas
garantiza la apertura de sentido del texto y apela al devenir, en cambio
la ausencia de marcas apela a una normatividad capaz de hacer abstracción de
los contenidos de ese decir, impidiendo así el devenir del sentido. En las
marcas reside fundamentalmente la consideración y el respeto del periodista por
el otro, por el lector, y la dimensión ética se traduce en el hecho de “tener
al otro junto a él”. Esta idea se refuerza si pensamos que el texto es siempre
el espacio de una intersubjetividad en el que, según Bajtín: “nuestra voz
está hecha de las voces de los otros, nuestra palabra, de la palabra de los
otros: nosotros entretejidos con todos, texto entre textos.”8
Ese “estar juntos” es para el periodista la condición
para poder desarrollar un arte de la implicación con el lector quien a su vez
la realiza con el periodista. En el ciberespacio creado por Internet es posible
pensar, en formas nuevas, un sujeto que participa de los otros como uno entre
muchos y en el que se plantea la noción de una ética de lo común, a
partir de la cual el sujeto encuentra en el otro su horizonte de incompletud,
la imposibilidad de un “no todo” para él, y la fundamental garantía para
renovar el compromiso con el otro y para asumir el desafío permanente de un
trabajo común para la “creación compartida” de textos.
En efecto, haber trasladado la responsabilidad de la
persona al texto significa también que es necesario plantear la responsabilidad
del cyberlector, ya que como señala Ramonet “los ciudadanos también tienen su
responsabilidad, pues informarse es una actividad, no una recepción pasiva.”9 Esta es
la responsabilidad compartida, que es posible en el periodismo digital, en la
medida en que el texto asume aquí una centralidad de algún modo inédita.
La reflexión ética que hemos conducido hasta aquí se
vincula directamente con una dimensión estética entendida como la expresión de
un estilo. El estilo es la puesta en forma y la creación del “sí mismo” del
periodista a través de la generación de un texto particular. Es una forma de
decir, entre otras formas, que se hace particular frente a una normatividad
entendida como formato (lo ya formado o dado) de la racionalidad positivista y
objetivante. La dimensión estética consiste en la formulación de un lenguaje
digital, en el espacio visual e infográfico de Internet, que el periodista debe considerar en la negociación del sentido con el
cyberlector. Como ya sabemos, lo que se genera y circula en Internet no son
solo textos escritos que pueden ser ilustrados por imágenes, sino que los
textos digitales son la conjunción significativa de escritura verbal, visual y
sonora.
El texto digital es de algún modo un texto sensible, en
el que el uso de recursos verbales, visuales y sonoros debe justificarse por el
sentido del enunciado. El reconocimiento de un estilo, en un texto periodístico
digital, permite ubicar, desde un inicio, los indicios de una cierta reflexión
-o su ausencia- sobre el sentido que puede tener ese texto.
Por otra parte, la pretensión de un uso “inmediatista” y
“mecánico” de las herramientas visuales, en particular de las imágenes, reduce
las posibilidades reflexivas inscritas en los textos sensibles de las
superficies digitales de Internet, en pantallas sensacionalistas.
1 Entendida como proceso
intersubjetivo de exploración de los caminos del sentido. 2 Entendida como
proyección hacia el exterior de una serie de enunciados o mensajes bien
definidos.
3 Barthes R., (1973) S/Z,
Einaudi, Torino, Italia
4 Lévy P., (1996) L ́intelligenza colletiva, per unńantropología del cyberspazio, Feltrinelli, Italia. 5 El de “Singularidad
cualquiera” es un concepto desarrollado por Giorgio Agamben (2001) La
comunitá que viene, Bollati Boringhieri, Italia. 6 Lévy P., op.cit. p.34.
7 Según A. J. Greimas “ el
creer y el saber parecen pertenecer a una estructura elástica que, en el
momento de la extrema tensión, polarizándose, produciría una oposición categórica,
mientras que en cambio cuando la tensión se relaja, se llegaría hasta a
confundir los dos términos”, en Greimas A.J. (1985) Del senso 2.
narrativitá, modalitá, passioni, Bompiani, Milano.
De acuerdo a esta
definición entenderíamos el uso que hace la televisión de esta oposición
volviéndola una fusión entre creer y saber. Esta idea la retomaremos en el
momento de ubicar las problemáticas y límites del sensacionalismo en Internet
en relación al sensacionalismo televisivo.
8 Bajtín M., (1975) Rabelais y la cultura popular
en el renacimiento, Barral, Barcelona, España 9 Ramonet I., (2002) La
tiranía de la comunicación, Debate, España, p.68.
3. EN TORNO AL SENSACIONALISMO
El riesgo del sensacionalismo, en el periodismo en
general, se anida en la proliferación de imágenes puestas en circulación en las
que muchas veces no aparece la mediación del periodista. Para poder funcionar
así, la puesta en circulación de estas imágenes hace uso de tres discursos
principalmente: el de la autenticidad, el de la neutralidad y el de la
objetividad.
Estos discursos son rezagos del periodismo tradicional y
se asientan en la creencia de que ciertos dispositivos tecnológicos, como la
cámara fotográfica o de video, dan pruebas fieles de la realidad auténtica y
objetiva. No se considera que sus productos son posibles porque estas cámaras
son operadas por periodistas desde un cierto punto de vista, que debe ser
analizado, expuesto y mediado por el mismo periodista que presenta la imagen.
De allí que siga funcionando el tradicional “ver para creer” y por extensión
“ver para saber”.10
Lo que se ve en la televisión aparece en muchos casos
como una verdad, aunque esta tenga una cantidad de versiones como de noticieros
que la presentan, los hechos captados por las cámaras aparecen como verdaderos.
En muchos casos, la repetición incesante de la misma imagen o secuencia de
imágenes, logra anular la diversidad de los comentarios que se generan en torno
a ella.
Estas consideraciones son válidas también para el
periodismo digital, cada vez que no se cuestiona el modo en que se ha producido
una determinada imagen, ni la manera en que se la muestra y se la presenta como
documento autónomo y autosostenido. Esta pretensión debe ser desmontada por un
propuesta analítica que afirme la necesidad de visibilizar las marcas de la
mediación cumplida por el periodista en el establecimiento de las formas de
representación de las imágenes, de lo contrario se puede abonar a la ilusión de
que estás se constituyen y desarrollan automáticamente.
Utilizar o aprovecharse de este desencadenamiento
sensacionalista por parte del periodista hace que éste sostenga su práctica en
un goce inmediatista e irreflexivo, un goce determinado por la pérdida de
interrogación por el sentido que siempre deviene por una interrogación. El goce
es la permanencia inmóvil en un estado de cosas, una adhesión a las imágenes,
en la que el sujeto perceptor no logra establecer una mínima distancia con el
objeto tratado y queda atrapado en él. La no distancia es la fascinación, la
ausencia de condiciones para entrar a un plano de conciencia. El
sensacionalismo se presta para la fascinación porque trabaja y se despliega en
un plano en el que no existe una distancia del goce que lo ha producido.
El sensacionalismo puede alojarse en un texto fijo,
cuando éste pretende mostrar la totalidad de algo, como una imagen que se
resuelve en sí misma y que no permite ni la movilidad del sujeto percipiente,
ni un proceso de construcción del sentido a partir de marcas o índices dejadas
por el periodista. El sensacionalismo es la repetición, exacerbada e insistente
de un texto con el que se tiende a clausurar el sentido del tema que se quiere
tratar y en el que el texto mismo queda atrapado y se reproduce en un circuito
cerrado.
En otras palabras será sensacionalista toda noticia,
texto o imagen que no deja espacio a la reflexión, y que más bien, dada su
“crudeza” o insistencia juegue a neutralizar el deseo de profundización e
inhibe el desarrollo de la duda.
En todo caso, hay que aclarar, que el problema del
sensacionalismo en el ciberespacio no reside en la proliferación de
imágenes-simulacros, es decir de imágenes que sin referentes en la “realidad”
los construyan en la simulación virtual (Baudrillard), sino en la pérdida de
los “momentos mágicos”11 de la apariencia, en el venir menos de
la “eficacia simbólica” como posibilidad de nombrar o apalabrar las imágenes12.
Finalmente, para entender el sensacionalismo referido a
los textos periodísticos y distinguirlo de una producción noticiosa que más que
al goce apunte al deseo de saber tanto del periodista como del lector, es útil
hacer referencia a la distinción que existe entre pornografía y erotismo. Si
con la pornografía, nos encontramos ante el intento de “mostrarlo todo”
partiendo de la convicción de una “autorepresentación” del “sexo real” al que
no hay que agregar o quitar nada porque todo esta dado, con el erotismo nos
enfrentamos al reto de establecer un libre juego por constituir las formas de
la representación de la sexualidad, en una dinámica de intercambios y
retiradas, de manifestación y ocultamiento.
Es, en una “dimensión erótica” o si se quiere de
seducción, que el periodismo en el mundo digital, podrá evitar el fácil
sensacionalismo y contribuir a alimentar el deseo de saber, como condición
necesaria para la generación y el acceso a una información significativa y
relevante.
10 Con respecto a este punto Ignacio Ramonet dice:
“poniéndose a la cabeza en la jerarquía de los media, la televisión impone a
los otros medios de información sus propias perversiones. En primer lugar, su
fascinación por la imagen. Y esta idea fundadora: solo lo visible merece
información. Lo que no es visible y no tiene imagen no es televisable, por
tanto, no existe.”, op.cit., p 193. Cabe señalar aquí, que también el Internet
podría ser víctima del fenómeno de televisación que han
padecido los otros medios. Si esto sucede, habría un dominio de las imágenes
sobre el texto escrito, lo que tendría unas consecuencias nefastas si pensamos
en el Internet como un espacio en el que la participación es posible para un
sujeto que escribe y su escritura se conecta con lo visual y lo sonoro
estableciendo una sintaxis y una retórica nuevas.
11 Zizek S., (2001) Il godimento come fattore politico,
Raffaello Cortina, Italia, p.151. 12Zizek S. lo plantea así : “en el
problema del ciberespacio o de la realidad virtual, lo que es amenazado por la
realidad virtual no es la “realidad”, que se disuelve en una multiplicidad de
simulacros, sino al contrario, la apariencia misma. Para decirla con las
palabras de Lacan: el simulacro es imaginario (ilusión), mientras que la
apariencia es simbólica (ficción).”, op.cit. p.151.